Revista Campoastur - Junio 2018

político- se ha consolidado definitivamente en todo el mundo tras la generalización de la revolución industrial y la economía globalizada. Ello ha traído, como con- secuencia, el abandono de aquellos territorios rurales donde no fue posible aplicar una economía de capitalización, de escala, de concentración, intensificación y monocultivo. En Europa, y especialmente en España, y siguiendo con la analogía espacial, podríamos decir que el despoblamiento rural -que se manifiesta ya con una crudeza extrema en muchos lugares- es la consecuencia directa de un efecto de atracción gravitacional de la ciudad sobre los pequeños planetas -pueblos y aldeasque han perdido no sólo la población, sino su cultura, su funcionalidad y su razón de ser. ¿Por qué deberíamos “resucitar” las aldeas? Se podría definir la aldea como la estructura protour- bana responsable de la gestión del territorio al que está vinculada. Dicho de otra manera: la aldea es algo así como el núcleo de una célula territorial compuesta por un citoplasma -las tierras y montes de propiedad privada y/ o comunal de los vecinos- y definida por unos limites que hacen de membrana. Desde el núcleo, como ocurre en todas las células, se organizaba de forma holística, integral e integrada el conjunto de operacio- nes que permitían la vida de la comunidad aldeana mediante el aprovechamiento cíclico, regular y continuo de los recursos naturales del entorno. El rasgo esencial que diferencia la aldea de la ciudad es que, mientras en esta última se puede vivir en un piso sin contacto con la tierra y sin depender de ella, en la aldea no hay pisos, sino casas, y estas no se entienden sin sus tierras. La aldea, en definitiva, es el cerebro del territorio rural más genuino y, sin su concurso, este se vuelve ingobernable. A medida que se perdía la inteligente estructura de gobernanza institucional de la aldea (la comunidad, las ordenanzas y las juntas o concryos) se fue perdiendo también la estructura agroecosistémica compleja por ella creada y fue aumentando la superficie forestal no manejada. Por otra parte, esta debilidad permitió los cambios de uso (cultivos forestales en lugar de tierras de labranza y montes en silvopastoreo), los movimientos especulativos (los pocos vecinos que quedaron ocuparon todos los comunales con grandes rebaños monoespecíficos subvencionados), el dominio de la fauna salvaje oportunista sobre la doméstica, el aumento de renta agraria subvencionada y el consiguiente abandono de prácticas que eran propias de las comunidades aldeanas preindustriales escasamente monetarizadas (recogida de leñas, cultivo de huertas y tierras, rebaños multiespecíficos, aprovechamientos circulares, verticales y múltiples ... ). En conclusión, las actuales aldeas o están abandonadas o viven en un desorden impropio de su condición. El principal problema ecológico del país El abandono de las aldeas, o los cambios de uso que hemos introducido en las tierras que estas gestionaban, debe ser entendido como un grave riesgo ambiental que afecta a todo el país, como un problema ecológico de escala regional y estatal de extraordinaria dimensión territorial, como un problema para la seguridad eco- lógica global y como un riesgo para la seguridad de las ciudades. La desaparición de ese conjunto de miles de pe- queñas aldeas de España y Portugal que gestionaban localmente el territorio y daban estabilidad a millones de hectáreas de terrenos forestales y de cultivos es,

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