Revista Campoastur - Marzo 2021

No olvidemos que el lobo ya gozaba de protección al sur del río Duero después de que el Ministerio para la Transición Ecológica acordara, en junio del año 2019, extender tal circunstancia a la Comunidad de Castilla y León y a la Comunidad de Madrid. Obviamente, para que el mencionado acuerdo sea oficial deberá ser dictado por orden de la Ministra de Transición Ecológica, doña Teresa Ribera y ser publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE), debiéndose tener en cuenta los tiempos requeridos a causa de los recursos al acuerdo que, a buen seguro, se van a presentar. Consecuentemente, en razón de este nuevo acuerdo, una vez publicado, el lobo pasará a estar protegido en todo el territorio nacional y, por lo tanto, se prohibirá su caza deportiva, al igual como sucede en Francia y en Portugal. En otras palabras, el lobo dejará de ser una especie cinegética, por lo que se terminará con la concesión de cupos de ejemplares objeto de caza, que varias comunidades autónomas concedían anualmente. Hay que tener en cuenta aquí que la distribución censal del lobo en España es muy irregular; éste es precisamente uno de los problemas de este acuerdo tipo “café para todos”. En efecto, actualmente se estima que en Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León se ubica el 98 por 100 de las cerca de 300 manadas de lobos que tenemos hoy en España. Concretando un poco más, aproximadamente el 50 por 100 estarían en la zona norte de Castilla y León, un 28 por 100 en Galicia, un 12 por 100 en Asturias, un 4 por 100 en Cantabria y el resto en el País Vasco y en la Rioja. Por esta razón, las organizaciones de ganaderos, especialmente los de las zonas con una mayor presencia de las mencionadas manadas, están lógica y unánimemente en contra del acuerdo. Las mismas llevan años quejándose, con toda la razón, de los continuados ataques que sufren sus rebaños, ataques que, además, aumentan año tras año, mientras que las correspondientes indemnizaciones les llegan generalmente, cuando les llegan, tarde y mal. Esta realidad demostrable origina grandes pérdidas y no sólo económicas. Y me gustaría ir terminando las presentes consideraciones citando unas afirmaciones vertidas en el año 1976 (es decir hace casi medio siglo), por el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, al que admiro y respeto

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