Revista Campoastur - Diciembre 2020
Papeles y más papeles... Esta es una queja común cuando hablamos de como es hoy la actividad ganadera. Sin embargo, es algo habitual en casi todos los negocios y más aun cuando nos referimos a las actividades que se dedican a la producción o distribución de alimentos. ¿POR QUÉ ES NECESARIO TENER Y CUSTODIAR HOY TANTA DOCUMENTACIÓN? En las últimas décadas han sido varias las crisis agroalimentarias que han puesto de manifiesto los riesgos de poner en el mercado alimentos y productos de los que no tenemos claro su origen o los procesos que han sufrido o en los que se han podido incorporar bien patógenos, como el prion de las vacas locas o la listeria, o estén presentes residuos de medicamentos o tóxicos. El coste para la credibilidad de la seguridad alimentaria, y por lo tanto de la propia rentabilidad de los productos ganaderos, es incuestionable. Por otra parte, existe una evidencia del grave perjuicio que supone el desarrollo de resistencias a antibióticos y otros antimicrobianos por el uso frecuente o indebido de medicamentos, tanto en las personas como en los animales. Estas resistencias restan eficacia a los tratamientos que deben recibir las personas enfermas, lo que en ocasiones puede terminar con la muerte. El control documental de recetas, albaranes y etiquetas de los piensos, los movimientos del ganado, etc. son las herramientas con las que cuentan las administraciones públicas para conocer la correcta gestión de los operadores en las distintas escalas del sistema de aprovisionamiento de alimentos. ¿QUÉ PAPELES DEBO CONSERVAR? Por ello, todos los sistemas que buscan asegurar la higiene, seguridad y salubridad de los alimentos buscan tener respaldo documental que permita determinar que se han obtenido mediante buenas prácticas. Los sistemas de transformación o almacenamiento de los productos del campo no están pensados para corregir o enmascarar los defectos o vicios en la producción, de forma que el tratamiento de la leche no elimina los restos de antibióticos u hormonas, ni la conservación de frutas y verduras reduce la presencia de fitosanitarios o insecticidas. Cada productor es responsable de actuar correctamente, respetando los plazos de suspensión de los medicamentos, utilizando los productos adecuados según la naturaleza de los casos, siempre bajo la prescripción veterinaria (receta) y aplicando el tratamiento en la dosis y duración que está oficialmente determinada. La única forma de saber que todo está correcto es llevando un adecuado registro de las aplicaciones y conservando tanto las recetas como el registro de los tratamientos durante el tiempo establecido, que en este caso es de 5 años. Durante distintas visitas de inspección de las autoridades competentes, como las relacionadas con el bienestar animal, uso racional del medicamento veterinario, ayudas a la condicionalidad, tomas de muestras del Plan Nacional de Investigación de Residuos (PNIR), etc. se solicitará la presentación
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