Revista Campoastur - Junio 2018

Campoastur | 12 Formar a los nuevos aldeanos Desaparecidos los últimos aldeanos genuinos, necesitamos capacitar a sus sustitutos: los aldeonautas, o nuevos aldeanos posindustriales, organizados en estructuras empresariales de na- turaleza preferentemente cooperativa y dentro del mar- co normativo de una ordenanza aldeana. Profesionales preparados para desarrollar el conjunto de tareas que antes realizaban los campesinos en la gestión del medio rural y que se concretaban localmente, y dependiendo de la biogeografia, en no menos de una veintena de procesos agroecológicos esenciales para dar diversidad biológica y estabilidad ecológica al territorio: segar, cultivar, abonar la tierra, criar ganado, apicultura, hacer queso, podar, plantar frutales, controlar las poblaciones de fauna salvaje ... Estructurar las nuevas aldeas. Las aldeas de la sociedad posindustrial no serán las aldeas del pasado, aunque conserven los rasgos que las identifican y se basen en sus formas de asentamiento, construcción bioclimática y manejo agroecológico del medio. En realidad serán las nuevas bases espaciales postindustrialcs del ahora espacio rural desierto. Deberían ser aldeas forales, es decir, con normas especiales que les permitan disfrutar de autonomía funcional, soberanía energética y alimentaria y con una fiscalidad reducida sobre las rentas del trabajo y las pequeñas producciones de interés ambiental y agroecológico. Las aldeas posindustriales deberían estar diseñadas para producir alimentos, energías, paisajes, gestionar localmente los recursos naturales renovables del medio, dar estabilidad al territorio y producir servicios ecosistémicos para el conjunto de la sociedad. Crear la nueva atmósfera aldeana Crear el ecosistema social, económico y cultural de la aldea posindustrial es esencial para que la opción de convertirse en aldeano sea tan atractiva y gratificante como la de cualquiera de las profesiones de la ciudad. El arte, la cultura y la ciencia, la posibilidad de vivir en la aldea y de vivir de la aldea, pasa por la creación de unas condiciones genéricas que permitan hacer aflorar las posibilidades que un nuevo contexto aldeano pone a nuestra disposición. La política agraria común (PAC), por ejemplo, debe1ía servir para financiar rentas básicas de trabajo a los nuevos aldeonautas, por prestación de servicios agroecosistémicos de interés local y global, y para consolidar las pequeñas economías aldeanas re- distributivas y de tiempo liberado. Política de orientación agroecológica En los intentos por liderar la rearticulación del medio rural, ahora descoyuntado, la PAC fracasa porque no es capaz de interiorizar que estamos en un contexto posindustrial y, al contrario, insiste en presentarse, una y otra vez, con remakes de las viejas políticas de moder- nización agraria de los años sesenta del pasado siglo, con maquillajes más o menos verdes. Si aquella política de industrialización agraria, y las agencias guberna- mentales creadas ex profeso, hicieron posible entonces cambiar el medio rural para pasar de preindustrial a industrial, no veo razones que impidan ahora atreverse a diseñar una innovadora política rural a la altura de las circunstancias para pasar del caduco modelo agra- rio industrial -que provocó como efecto colateral la extinción de la agricultura campesina de la aldea- al posindustrial. Puede que esta propuesta de la creación de una agencia

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