Revista Campoastur - Septiembre 2021

29 | Campoastur HISTORIA DEL VIÑEDO EN ASTURIAS La presencia de viñedos en Asturias tiene más de 1.000 años de historia, lo que se puede comprobar tanto por documentos históricos cómo por la toponimia. Existen abundantes aldeas y lugares repartidos por Asturias, cuyos nombres aluden al cultivo del viñedo, como ``Viña´´, ``La Viña´´, ``El Viñal´´, ``Los Viñones´´… entre otros. Los primeros documentos que dan constancia del cultivo de la vid en la región se encuentran en el monasterio de San Vicente de Oviedo y datan del año 781. Más tarde, a mediados del siglo IX, concretamente en el año 857 el Rey Ordoño I dona una viña en Las Regueras a la Catedral de Oviedo. Sin embargo, en la zona sur-occidental, concretamente en la cuenca del Río Narcea, no aparece documentada la presencia de viñas hasta el año 889, cuando se cedió viñedo al monasterio de San Esteban de Álava, en el concejo de Salas. No es un hecho exclusivo a esta zona, por todos es sabida la relación entre monasterios y vides. Por un lado, están los motivos económicos, pues parte de sus rentas eran percibidas en vino, además de que vino era sinónimo de riqueza en aquella época, pues era más sano beber vino que agua. Por otro lado, están los motivos religiosos, el vino representa la sangre de Cristo en la liturgia católica. No en vano, los Monasterios y en definitiva, la institución eclesiástica han sido los grandes defensores e impulsores del cultivo de la vid. Desde elS.XIII al XV, se incrementó la superficie de viñedo, ampliando su propiedad a otros sectores de la población, la nobleza e incluso del campesinado. Los viñedos se situaban, al igual que en la actualidad, en las partes medias y altas de algunos valles abrigados. Particularmente, en los del Navia y el Narcea, donde a las condiciones favorables para el cultivo se unían la influencia de asentamientos monacales. También había viñedos en el valle fluvial del Eo, en la zona central (Candamo, Las Regueras y Grado), en Teverga y en Villaviciosa. En el siglo XVI la Junta del Principado intentó promover el cultivo de viñedo en toda la región. Fue un fracaso, excepto en los valles anteriormente nombrados. Principalmente se debió tanto al accidentado relieve de buena parte del territorio como a la abundante humedad, lo que no es favorable para los viñedos. En este siglo XVI, además, una serie de riadas arrasaron gran parte del viñedo en Candamo, Las Regueras y Grado, iniciando la crisis en la zona central. Entre los siglos XVI y XVIII, se produjo la desaparición del viñedo de la zona oriental y la zona costera. El Catastro de la Ensenada, detalla que las mayores superficies de viñedo en el siglo XVIII ya estaban en los concejos que concentran la producción en la actualidad. Concretamente los valles del Navia, con Grandas de Salime, Pesoz e Ibias a la cabeza, y del Narcea, con Cangas de Narcea (entonces Cangas de Tineo) y Tineo a la cabeza. Fuera de estos valles las mayores superficies se encontraban en Teverga y Candamo. Subsistían viñedos aún, aunque enreducidassuperficies, en otros concejos como Taramundi, Los Oscos, San Tirso de Abres, Castropol, Boal, Grado o Pravia. A finales del siglo XVIII, una serie de malas cosechas llevaron al arranque de las cepas en Teverga. En el siglo XIX, al desceparse las viñas de Candamo, el viñedo en Asturias queda reducido definitivamente a los concejos del occidente: Cangas del Narcea, Tineo, Ibias, Allande y Grandas de Salime fundamentalmente. En el último tercio de este siglo, se viven aires de renovación en la vitivinicultura asturiana. En Cangas del Narcea, varios elaboradores, como Nicolás Suárez Cantón o González del Valle introducen una serie de mejoras en la elaboración de los vinos. Hasta entonces descritos como de escasa calidad, fruto de unas prácticas de cultivo y elaboración rudimentarias realizadas por productores sin conocimientos técnicos. Estas mejoras, como fueron el retraso en la recolección de la uva, la selección de racimos, la eliminación del raspón o la realización de oportunos trasiegos y descubes, se tradujeron en menciones, diplomas y reconocimientos en diversas exposiciones (Madrid, Burdeos, Angers, Rouen y Lugo). Todo parecía estar a favor de la expansión, sino fuera porque a finales de este siglo (XIX) aparecen una serie de contratiempos: el trío de enfermedades y plagas americanas que supusieron un antes y un después en la viticultura europea. Hablamos de la filoxera, el oidio y el mildiu. Éstos ocasionaron una grave crisis que supuso declive colosal de la superficie de viñedo en la región. Dando

RkJQdWJsaXNoZXIy NzQzMTM=