Revista Campoastur - Septiembre 2021
comienzo a lo que parecía el fin del cultivo del viñedo en el Principado. A nivel provincial se pasó de 5.493 ha en 1.858, a 1.878 haen 1.903. Sin embargo, al contrario de lo que sucede en el resto de la región, en Cangas del Narcea, se vive una expansión del viñedo sin precedentes a finales del siglo XIX y principios del XX. Se incrementó la superficie de viñedo, para ello,se instalaron viveros de patrones americanos resistentes a la filoxera para injertar sobre ellos las variedades autóctonas, se trajeron nuevas variedades, técnicos franceses dirigieron los trabajos de plantación y elaboración de vino… La totalidad de las medidas adoptadassupusieron un incremento tanto en la calidad, como en la producción del vino en el concejo. Gracias a ello, el vino de Asturias llega a lugares como Cuba, Argentina o Méjico. A su exportación debemos sumar la obtención de diversas medallas y diplomas. Entre los años 1930 y 1945, se viven unos años de máxima producción. Precisamente en esa época, uno de los grandes cosecheros cangueses, José Uría Merás, promulga las tres soluciones para mantener el destacable nivel del vino cangués: 1. Mejorar su calidad con una buena elaboración, 2. Obtener la denominación de origen, fundamental para una mejor comercialización 3. Conseguir una cooperativa que posibilitara los dos puntos anteriores, además de suponer un ahorro en mano de obra y gastos en la elaboración y comercialización. Sin embargo, José UríaMerás, fallecería sin ver ninguno de sus deseos para con el vino cangués. “Para más inri”, el cultivo inicia a partir de 1945 un declive que se mantuvo hasta finales del siglo XX. Las razones del abandono y descepe progresivo que sufrieron los viñedos que quedaban no sólo en Cangas del Narcea, sino en todo el suroccidente asturiano; fueron la combinación de una serie de factores, entre los que destacan los siguientes: Las dificultades que presentaba y aún presenta el cultivo del viñedo en la zona. Tanto en lo que se refiere a capital económico, como a capital humano. La mayoría de viñas se sitúan en laderas de muy escarpada pendiente, lo que dificultaba las labores y la recolección de la uva, imposibilitando cualquier tipo de mecanización. Esto eleva los costes de producción y disminuye la rentabilidad del cultivo. Esta baja rentabilidad, se unió a otras condiciones de tipo socioeconómico, como la emigración de la población rural a otras zonas con mejores perspectivas económicas. Ya el compañero Fernández Lamuño citaba en 1958 en su Informe sobre los Concejos de Ibias y Degaña las razones para el abandono de las viñas en Ibias, decía textualmente: ``Pudiera inducir a engaño el que hablemos del abandono en que han caído algunas, acaso muchas de nuestras viñas. No es que el cultivo de las mismas deje de ser remunerador; no es que todo el vino producido deje de tener buena acogida y favorable salida; ni tampoco es que la competencia del vino exterior lleve a la ruina económica a los propios. La razón es de otra índole, precisamente la de la mano de obra cada día más escasa; la merma en la clase obrera antes tan abundante, y hoy huyendo del campo dentro de un proceso natural, consecuencia de la progresiva marcha hacia una industrialización de las regiones próximas, y de la elevación general del nivel de vida que por doquier (y ello es feliz circunstancia) nos es posible apreciar´´. Campoastur | 30
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