Estamos finalizando un año que se
suma a un período excesivamente largo
y negativo para la ganadería en cuanto a
valor y rentabilidad de las producciones;
una época de “vacas flacas” que ha
mermado considerablemente el patrimonio
y la capacidad financiera de muchas
explotaciones ganaderas, así como la
ilusión y la confianza en el futuro de esta
actividad.
Varios factores han sido causantes de esta situación,
desde los componentes políticos como los cambios en la
PAC y el final del sistema de cuotas, así como el bloqueo
por parte de Rusia a las importaciones agroalimentarias
europeas, hasta los de índole económica como la
parálisis de crecimiento en países desarrollados y
la desaceleración de las economías asiáticas (China
fundamentalmente) y los relativos a tendencias del
consumo, en el mundo globalizado en que vivimos.
Y aún hubiera podido ser más catastrófico si las
materias primas, la energía o el coste del dinero
tuviesen otra evolución. Afortunadamente, las materias
primas y los piensos han ido bajando en los últimos
años, el petróleo bajo y los precios de carburantes se
mantiene en cotizaciones aceptables y los intereses
bancarios en mínimos históricos.
Es verdad que en algunos países que hacen gala de una
mejor capacidad organizativa interprofesional dentro
de nuestro sector la situación se ha llevado mejor, pero
no es menos cierto que hemos visto movilizaciones
y quejas de los productores en casi todos los países
europeos.
Afortunadamente parece que hay un cambio de
tendencia en el sector lácteo, tras las medidas
de almacenamiento e intento de contención de la
producción, puestas en marcha por la Unión Europea,
Mejores perspectivas para la ganadería
en 2017