Es cierto que la cooperación es algo
intrínseco a la existencia del ser humano,
y que son multitudinarios los ejemplos
que encontramos de colaboración a lo
largo de la historia, ya desde el neolítico,
los hombres, cooperaban para cazar, para
recolectar, para defenderse, más tarde
cooperaron para construir, para cultivar…
Pero en un momento de la historia
esta cooperación se convirtió en
cooperativismo.
A mediados del siglo XVIII comienza la Revolución
Industrial, durante esta época también hay grandes
cambios sociales y políticos, aparecen numerosas
innovaciones en la organización y en la tecnología de
la industria, estas innovaciones produjeron grandes
cambios, creando un gran desempleo y dividiendo a la
sociedad en una clase burguesa acomodada y una clase
proletaria indefensa y sin derechos.
Durante la Revolución Industrial se trabajaba a destajo
sin ningún tipo de regulación, incluso era habitual la
contratación de niños, al mismo tiempo la enfermedad,
la mal nutrición, el frío, el esfuerzo y las largas jornadas
laborales diezmaban a la clase trabajadora, este fue el
caldo de cultivo que generó el cooperativismo.
En Inglaterra, uno de los sectores que sufrió este gran
cambio fue el textil, con la aparición de máquinas de
coser y el trabajo en cadena. Se aumentó enormemente
la producción, perdiendo muchos obreros su trabajo.
Fue en Octubre de 1844 cuando 28 trabajadores (27
hombres y 1 mujer) del textil de la ciudad de Rochdale,
que se habían quedado sin trabajo después de una
huelga, inspirados por las ideas sociales del pensador
Owen, se unieron y crearon la “Sociedad Equitativa
de los Pioneros de Rochdale” que hoy se considera la
primera cooperativa de la historia, fue una cooperativa
de consumo, y aunque hubo otras contemporáneas
esta fue exitosa y sentó las bases de las cooperativas
modernas en lo que hoy se denominan “Los Principios
Cooperativos de Rochdale”.
El cooperativismo y los “Pioneros de
Rochdale”