Revista Campoastur - Marzo 2017 - page 17

MITO 3: beber leche es malo,
porque si dejamos de tomarla
un tiempo, cuando volvemos a
tomarla nos sienta mal
Esto es un hecho cierto, que tiene su explicación
fisiológica, pero que algún aprovechado ha convertido
en mito.
Se basa en el buen diseño del cuerpo humano, en el
que las cosas que no se usan durante mucho tiempo se
terminan perdiendo.
Para digerir la lactosa, un azúcar de dos componentes:
glucosa y galactosa, hemos de tener en la pared de
nuestro intestino una sustancia química, una enzima: la
lactasa. Se encarga de romper la unión entre la glucosa
y la galactosa y separar estos dos azúcares simples,
condición imprescindible para poder absorberlos y que
pasen a nuestra sangre.
¿Qué pasa si una persona se pasa años –no días, ni
semanas, ni meses… ¡años!- sin beber leche? Pues que
las lactasas se pierden y el intestino, al ver que ya no
llega nada de lactosa, debido a que no bebemos leche,
deja de producir estas enzimas.
Por eso cuando volvemos a tomar leche nos sienta
mal. Nos hemos convertido, transitoriamente, en
intolerantes a la lactosa por falta de lactasa. Tendremos
gases, algún dolor cólico e incluso alguna visita de más
al inodoro.
Pero en pocos días volvemos a producir lactasas y…
¡problema resuelto! Ya podemos volver a beber leche
sin ningún problema.
Este tercer mito es una burda manipulación. No tiene ni
pies ni cabeza, como puede ver, amable lector.
¿Mejorará algo el cuarto mito?
¡Veámoslo!
MITO 4: después de la juventud
nuestro intestino no puede
digerir la leche porque nos
quedamos sin lactasa
Este es otro ejemplo claro de manipulación,
aprovechando un hecho cierto para modificar parte del
mensaje y convertirlo en un argumento en contra de la
leche.
Cuando llegamos a ancianos, como parte del
envejecimiento que afecta a todo el cuerpo (al corazón, a
los pulmones, al cerebro, a los huesos, a los músculos…),
empezamos a sufrir cambios intestinales. Y uno de
ellos es la pérdida progresiva de la capacidad de digerir
la leche, porque disminuye su producción de enzima
lactasa.
Pero eso ocurre al final de la vida, no al principio.
Y los ancianos no pierden la posibilidad de tomar
lácteos, porque pueden (y deben) seguir tomándolos
en forma de yogur que, gracias a las bacterias que
contiene, aporta por separado la glucosa y la galactosa,
ya que las enzimas lactasas que han producido la rotura
de la lactosa original la producen esos bichillos tan
beneficiosos para la salud.
Así que otra trola más. Ya van unas cuantas.
Terminemos con el quinto mito…
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